domingo, mayo 01, 2011

El obituario prematuro de la Ronda de Doha

NUEVA YORK – La Ronda de Doha, la primera negociación comercial multilateral realizada bajo los auspicios de la Organización Mundial de Comercio, está en una etapa crítica. Hoy en su décimo aniversario, y con mucho ya negociado, las conversaciones necesitan un empujón político final, para que Doha –y por ende la OMC- no desaparezcan de la pantalla de radar del mundo.

De hecho, el peligro ya es real: cuando estuve en Ginebra hace un año y me hospedé en el lujoso Mandarin Oriental, le consulté al conserje si la OMC quedaba lejos. El hombre me miró y me preguntó: “¿La Organización Mundial de Comercio es una agencia de viajes?”

Los principales estadistas, que se comprometieron a arrimar el hombro, entienden la amenaza de la irrelevancia. El primer ministro británico, David Cameron, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, respaldaron claramente la recomendación del Grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Comercio, que Peter Sutherland y yo copresidimos, de que debemos abandonar la Ronda de Doha si ésta no concluye para fines de este año.

Nuestra idea era que, conforme la perspectiva de una inminente ejecución concentra la atención, el plazo y la muerte eventual de la Ronda de Doha galvanizarían a los estadistas del mundo en pos de completar el último kilómetro de la maratón. (La analogía no puede ser más apropiada, ya que el director general de la OMC, Pascal Lamy, que mantuvo el proceso en marcha de manera brillante, es corredor de maratón).

Sin embargo, a pesar de que estos esfuerzos están cobrando impulso, The Financial Times, que solía ser un partidario incondicional del libre comercio multilateral, arrojó sobre Doha una bomba de racimo, y llegó a felicitarse a sí mismo por sostener en 2008 (cuando una reunión ministerial no pudo concluirse) “que los líderes deberían admitir que las negociaciones estaban muertas”. Pero si los escépticos olvidan la célebre respuesta de Mark Twain a un obituario equivocado –“Los informes sobre mi muerte son extremadamente exagerados”-, ¿los negociadores que siguieron trabajando desde entonces eran similares a las “almas muertas” de Gogol?

The Financial Times recomienda elaborar un Plan B aquí y ahora, lo que sabotearía los esfuerzos políticos por concluir la Ronda de Doha. A pesar de los clichés retóricos sobre exigirles a los “ministros que se olviden de los hábitos arraigados y se concentren en la sustancia, no en la retórica” y sobre “asociaciones comerciales que se comprometan con el detalle granular de lo que quieren las empresas”, este Plan B propuesto fortalecería las iniciativas comerciales bilaterales y regionales que han desviado la energía y la atención de Doha y la OMC. La ironía aquí es que habitualmente se justifica la proliferación de este tipo de acuerdos comerciales preferenciales (ACP) debido a la falta de progreso a la hora de concluir las conversaciones de Doha. Nunca causa y efecto han estado trastocados tan drásticamente en los argumentos sobre política comercial.

Cada vez se tornó más obvio que estos ACP son lo que yo llamo “termitas en el sistema comercial”. De hecho, cada vez hay más evidencia de que estimulan una distracción comercial nociva al aumentar la discriminación contra los no miembros a través del uso diferencial de acciones antidumping. En consecuencia, el trabajo reciente de los economistas Tom Prusa y Robert Teh ha arrojado evidencia convincente de que las demandas antidumping disminuyen un 33%-55% dentro de un ACP, mientras que aumentan contra los no miembros un 10%-30%.

Más importante aún, los ACP son utilizados por potencias hegemónicas para endilgarles a los socios comerciales más débiles demandas no vinculadas con el comercio pero deseadas por los lobbies domésticos, por momentos de una manera marcadamente asimétrica. Así, Perú vio cómo su legislación laboral fue prácticamente reescrita por los congresistas estadounidenses en deuda con los sindicatos norteamericanos antes de que concluyera el ACP entre Estados Unidos y Perú.

De la misma manera, Claude Barfield ha documentado cómo Colombia se vio intimidada a considerar un delito (con condenas a prisión de hasta cinco años) el hecho de comprometerse en actos que “socaven el derecho a organizar y negociar colectivamente”. Colombia también debe sancionar una ley que dictamine condenas a prisión para todo aquel que “ofrezca un pacto colectivo a trabajadores no pertenecientes a sindicatos que sea superior a los términos para los trabajadores de los sindicatos”. ¿La administración estadounidense comenzará a presentar demandas penales contra el gobernador de Wisconsin y los otros muchos líderes republicanos que están haciendo precisamente lo que se está intimidando al gobierno colombiano a no hacer?

Estas extralimitaciones son típicas de lo que sucede en los ACP liderados por las potencias hegemónicas, a diferencia de la OMC, donde no se puede intimidar de esta manera a los países más fuertes como India (que solicitó a la Unión Europea quitar todas las medidas no vinculadas con el comercio del APC propuesto) y Brasil. El peligro es que la extralimitación lleve a la sociedad civil y a los votantes en los países en desarrollo democráticos a reaccionar en contra de cualquier manifestación interesada de poder hegemónico oponiéndose directamente al libre comercio, en base a la presunción de que esta apertura es poco más que un neocolonialismo.

Jagdish Bhagwati es profesor de Economía y Derecho en la Universidad de Columbia y miembro sénior en Economía Internacional en el Consejo sobre Relaciones Exteriores. Es autor de Termites in the Trading System: How Preferential Agreements Undermine Free Trade (Oxford, 2009).

Copyright: Project Syndicate, 2011.
www.project-syndicate.org